La eficiencia de las luces LED proviene de su capacidad de convertir más energía eléctrica en radiación visible para el ojo humano, en lugar de transformarla en calor y radiaciones ultravioletas o infrarrojas.

El parámetro adoptado para identificar la cantidad de luz emitida por una fuente de luz es el lumen (lm). La relación entre el flujo luminoso y la potencia consumida (watts) por una fuente de luz se denomina “eficacia luminosa”. Se obtiene como el cociente entre los dos parámetros, y su unidad de medida es el lumen por watt (lm/w).

Los modernos diodos LED de alta potencia proveen entre 100 y 150 lm/w consumido, mientras que una bombilla incandescente convencional apenas llega a los 10 lm/w.

Una lámpara de bajo consumo (CFL) alcanza los 60 lm/w, mientras que un tubo fluorescente proporciona 65 lm/w. Hoy en día, la tecnología con mayor potencial de desarrollo consiste en los LED y fuentes de luz en estado sólido, y aunque los diodos comerciales actualmente disponibles proporcionan 100 lm/w, ya existen diodos capaces de alcanzar los 150 lm/w.